Ad Gentes

La misión universal de la Iglesia, nacida del envío confiado a los Apóstoles por Jesús, es única. Pero se realiza a varios niveles y comprende diferentes tareas y actividades. Ante todo se da la actividad misionera a la cual llamamos ad gentes. Creemos y nos lo reafirma la Redentoris Missio (Juan Pablo II) que esta es una actividad primaria de la Iglesia, esencial y nunca concluida.
Su verdadero origen es la Trinidad. Dios Padre quiere que todos se salven. Su designio salvífico culmina en la Misión del Hijo, que nos asocia a su obra como cooperadores de Dios para la actuación de su proyecto. El Espíritu Santo, enviado a completar la obra del Hijo, está presente en el quehacer misionero: ambos colaboran siempre y en todas partes para la realización del plan del Padre.
La misión ad gentes, tiene como destinatarios a los pueblos o grupos humanos que todavía no creen en Cristo, a los que están alejados de Cristo. Esta actividad se distingue, de las demás actividades eclesiales, porque se dirige a grupos y ambientes no cristianos, debido a la ausencia o insuficiencia del anuncio evangélico y de la presencia eclesial. Por tanto, se caracteriza como tarea de anunciar a Cristo y a su Evangelio, de edificación de la Iglesia local, de promoción de los valores del reino.
En el ámbito de la acción, el ad gentes es una realidad en movimiento dados los siempre nuevos contextos en los que se sitúa. Esto corresponde a la enseñanza de nuestro fundador, Allamano, y a su celo ejemplar. Nunca cesó de señalar el "más" que la Misión exige constantemente. También para él la elección de África no era exclusiva, pues había entrevisto la posibilidad de la presencia del Instituto en América y en Asia. Exhortaba: "Debéis imitar a San Francisco Javier, que quería convertir a todo el mundo".
La misma Redemptoris Missio aclara que no es fácil definir los confines entre servicio pastoral de los fíeles, nueva evangelización y actividad misionera específica. La misión ad gentes tiene ante si una tarea inmensa que de ningún modo está en vías de extinción. Al contrario, bien sea bajo el punto de vista numérico por el aumento demográfico, o bien bajo el punto de vista sociocultural por el surgir de nuevas relaciones, comunicaciones y cambios de situaciones, parece destinada hacia horizontes todavía más amplios
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La misión ad gentes en virtud del mandato de Cristo no conoce confines. Sin embargo podemos a la luz de los recientes documentos de la Iglesia, señalar lo que forma parte del ad gentes:
1. Los que aún no han acogido el Evangelio. Estos representan el tradicional ad gentes, que actualmente está presente en todas partes en los varios continentes. 2. Los grupos humanos que en otro tiempo acogieron el mensaje cristiano pero más tarde, tras un proceso de secularización y descristianización, han dejado de vivirlo. Este ámbito corresponde a uno de los paganismos de las sociedades modernas, que necesitan una profunda evangelización. 3. Los movimientos de pensamiento y las concepciones nuevas de la vida, que se difunden por todas partes, constituyen un desafío de nuevo tipo para el Evangelio y requieren evangelizadores con una preparación específica. 4. Los modernos areópagos señalados por la Redemptoris Misión: "el mundo” de la comunicación, el compromiso por la paz y el desarrollo de los pueblos, especialmente de las minorías; la promoción de la mujer y del niño; la protección de la creación. |
Como Misioneros de la Consolata hoy, teniendo en cuenta el carisma transmitido por el Fundador, el fin específico y la tradición del Instituto, las instancias del mundo de hoy y las posibilidades de personal hemos elegido cinco ámbitos de ad gentes a los que dirigirnos: no cristianos, pobrezas urbanas, minorías étnicas, servicios cualificados a las iglesias locales (animación misionera y formación de lideres), justicia y paz
El Misionero
Anda, hombre de Dios,
hombre de los hombres,
hombre de dolores,
anda y carga los dolores de los hombres.
Anda, hombre de Dios,
hombre de los hombres,
hombre de las lágrimas,
anda a enjugar las lágrimas de los hombres.
Anda, hombre de Dios,
hombre de los hombres,
hombre de las esperanzas,
anda a alimentar las esperanzas de los hombres.
Anda, hombre de Dios,
hombre de los hombres,
hombre de las alegrías
anda a eternizar las alegrías de los hombres.
Te manda el Hombre de los hombres,
que cargó todos los dolores,
vertió todas las lágrimas,
hizo renacer todas las esperanzas,
eternizó todas las alegrías.
Anda, hoy eres tú el Hombre de Dios,
el Hombre de los hombres.
M. Rouxinol